Hace poquito en un remoto y maravilloso lugar de África, tuve la inmensa suerte de presenciar la lucha entre varios pueblos de la región. Os cuento en imágenes en qué consiste esta ceremonia:

En los distintos pueblos, la gente de cada barrio que va a competir comienza a danzar bajo el ancestral árbol que siempre es testigo de sus reuniones.

Con los tambores y con el sonido de maracas, a menudo improvisadas, que atan a sus pantorrillas, van llamado a los luchadores que se van uniendo poco a poco al círculo.


El constante y machacante ritmo de los tambores y la fuerza del círculo cada vez mayor va haciendo que los guerreros entren en trance, tomando consciencia del papel que deben desempeñar.


El ritmo y la danza continúan durante varias horas.


En algún momento se decide partir al lugar donde se celebrará la lucha.


Todos, guerreros y público caminamos hacia las afueras del pueblo, entre inmensos fromagers hasta llegar a una explanada.


Las mujeres y los niños limpian la zona de zarzas y rastrojos, mientras las más jóvenes amenizan cantando y bailando y los luchadores preparan sus tácticas.



Vamos creando un inmenso círculo en la explanada, en el que de vez en cuando saltan los luchadores saludando al terreno.


Y comienza el combate. Los luchadores eligen a sus rivales, invitándoles a competir mediante una seña.


Es una lucha justa y equitativa. Deben luchar con otros guerreros de su mismo tamaño, no pueden enfrentarse a personas de su misma familia, o a aquellos con quienes hayan tenido problemas personales. Si lo hacen, alguien les para antes de que tenga lugar el combate.

En medio del inmenso círculo tiene lugar varias luchas al mismo tiempo, unas se suceden a las otras improvisadamente. Son los propios guerreros quienes marcan el ritmo.

Áún no se sabe la fecha de la próxima lucha. Hasta queno terminen todos los pueblos de la Casamance con la recogida del arroz no podrán enviar a sus guerreros a luchar.


Y son cosas como esta las que pasan a no tantos kilómetros de ti...